Estrategias para afrontar la espera y la incertidumbre durante un tratamiento de reproducción asistida
- María de Salazar Martínez

- hace 2 días
- 4 min de lectura

La espera durante un tratamiento de reproducción asistida puede convertirse en una de las partes más difíciles del proceso.
Después de una transferencia, una inseminación o una prueba, comienzan unos días en los que parece que todo queda en pausa. Es posible que aparezcan pensamientos constantes, necesidad de buscar información, atención excesiva a las sensaciones del cuerpo o dificultad para concentrarte en otras cosas.
Y aunque no existe una forma de hacer que la espera deje de ser difícil, sí puedes aprender a relacionarte con ella de una manera que te permita atravesarla sin que ocupe todo tu día.
No se trata de conseguir estar tranquila todo el tiempo ni de evitar pensar en el resultado. Se trata de recuperar, poco a poco, espacios que siguen siendo tuyos.
1. Pon límites a la búsqueda de información
Cuando tenemos incertidumbre, buscar información puede parecer una forma de recuperar el control.
“¿Es normal sentir esto?”“¿Puede ser una buena señal?”“¿A alguien le pasó lo mismo?”“¿Cuándo debería notar algo?”
El problema es que la búsqueda constante de respuestas suele proporcionar tranquilidad solo durante unos minutos. Después aparece una nueva duda y volvemos a buscar.
Por eso, durante la espera puede ser útil establecer límites concretos a la búsqueda de información.
Por ejemplo:
Evitar buscar síntomas cada vez que aparece una sensación corporal.
Elegir una fuente fiable y evitar comparar continuamente experiencias en foros y redes sociales.
Reservar un momento concreto del día para consultar información relacionada con el tratamiento.
Recordarte que no todo lo que encuentres en internet es aplicable a tu situación.
No necesitas responder hoy a todas las preguntas que podrían aparecer durante el proceso.
2. Reduce la comprobación constante del cuerpo
Durante estos días es fácil empezar a observar cada sensación: un dolor, un cambio en el pecho, una molestia abdominal, cansancio, ausencia de síntomas…
La atención se dirige al cuerpo buscando alguna pista sobre lo que está ocurriendo.
Pero una sensación corporal no puede convertirse en una prueba del resultado.
Puedes notar síntomas y que el resultado sea positivo. Puedes no notar ninguno y que también lo sea. Además, muchos síntomas pueden estar relacionados con la medicación o con los propios cambios hormonales.
Cuando notes que estás comprobando constantemente cómo te sientes, prueba a preguntarte:
“¿Estoy escuchando mi cuerpo o estoy buscando una respuesta que todavía no puedo tener?”
Si la respuesta es la segunda, intenta volver a la actividad que estabas haciendo.
3. Establece un “tiempo para preocuparte”
Intentar no pensar en el resultado puede tener el efecto contrario: cuanto más intentamos expulsar un pensamiento, más vuelve.
En lugar de luchar constantemente contra él, puedes reservar un espacio concreto para pensar en aquello que te preocupa.
Por ejemplo, 15-20 minutos al día.
Durante ese tiempo puedes escribir:
Qué me preocupa.
Qué estoy imaginando que puede ocurrir.
Qué necesito en este momento.
Qué está bajo mi control y qué no.
Cuando una preocupación aparezca fuera de ese momento, puedes decirte:
“Esto es importante para mí, pero ahora no necesito resolverlo. Puedo volver a ello en mi momento de preocupación.”
No se trata de ignorar lo que sientes, sino de evitar que la preocupación decida cuándo ocupar tu atención.
4. Mantén pequeñas rutinas
Cuando estamos esperando un resultado importante, es fácil sentir que no podemos avanzar con nuestra vida.
Sin embargo, seguir haciendo cosas cotidianas no significa que te importe menos el resultado.
Intenta mantener algunas actividades que no tengan relación con el tratamiento:
quedar con alguien con quien te sientas bien;
trabajar si te resulta posible;
salir a caminar;
cocinar;
leer;
ver una serie;
hacer alguna actividad que disfrutes;
mantener tus horarios habituales de sueño y comidas.
No necesitas llenar cada minuto para no pensar. La idea es recordar que tu vida no está completamente suspendida mientras esperas.
5. Decide de antemano qué necesitas de tu entorno
A veces las personas que nos quieren intentan ayudarnos, pero no siempre saben cómo hacerlo.
Puede ser útil comunicar de forma concreta qué necesitas.
Por ejemplo:
“Ahora mismo no necesito que me digas que todo va a salir bien. Necesito que me acompañes y me escuches.”
O:
“Prefiero no hablar del tratamiento durante unas horas.”
También puedes decidir con quién quieres compartir información y con quién no.
Poner límites durante la espera también es una forma de cuidarte.
6. Cuando aparezca un pensamiento catastrófico, no intentes convencerte de lo contrario
Ante pensamientos como:
“Seguro que no ha funcionado.”
Puede aparecer la necesidad de responder inmediatamente:
“No, seguro que sí.”
Pero sustituir un pensamiento incierto por otro igualmente incierto no siempre ayuda.
Puedes probar algo diferente:
“No sé qué va a ocurrir todavía. Mi mente está intentando prepararme para una posibilidad que me da miedo.”
No necesitas saber que todo saldrá bien para poder atravesar este momento.
A veces, aprender a tolerar el “todavía no lo sé” es más útil que intentar encontrar una respuesta antes de tiempo.
7. Date permiso para sentir lo que aparezca
Puede haber días de ilusión, otros de miedo, enfado, tristeza, esperanza o agotamiento.
No necesitas sentirte positiva durante todo el tratamiento.
Tener miedo no significa que estés siendo negativa.
Sentirte triste no significa que hayas perdido la esperanza.
Y preocuparte no significa que estés afrontando mal el proceso.
Puedes desear profundamente que algo ocurra y, al mismo tiempo, tener miedo de que no ocurra.
Ambas cosas pueden coexistir.
No necesitas hacerlo perfecto
No existe una manera perfecta de afrontar la espera.
Habrá momentos en los que compruebes un síntoma, busques información, llores o vuelvas a imaginar todos los escenarios posibles.
Eso no significa que hayas retrocedido.
El objetivo no es conseguir que la incertidumbre desaparezca, sino conseguir que tenga un lugar dentro de tu vida sin ocuparla por completo.
Mientras esperas una respuesta que todavía no puedes conocer, hay algo que sí puedes hacer: seguir cuidándote en el presente.
Y si sientes que la ansiedad, la tristeza o la preocupación están interfiriendo de forma importante en tu día a día, pedir acompañamiento psicológico también puede ser una forma de cuidado.
¿Por qué la espera puede generar tanta ansiedad?
Si quieres entender mejor qué ocurre emocionalmente durante la espera de un tratamiento de reproducción asistida, puedes leer nuestro artículo “La ansiedad durante un proceso de reproducción asistida: cómo afrontar la espera y la incertidumbre”.



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